
Detectar los malos olores y su procedencia será la misión de un grupo de entre 15 y 20 personas que en el plazo de un año deben determinar un mapa de «aromas» del barrio zaragozano del Picarral y su entorno. Se trata de facilitar así la adopción de medidas correctoras que contribuyan a mejorar la calidad medioambiental del sector. Los vecinos de este barrio de la capital aragonesa, situado a la margen izquierda del río Ebro, llevan años quejándose del hedor que emiten dos empresas situadas en la zona.
Se trata de la papelera Saica y la industria Syral, que se dedica a la producción de almidón y glucosa. Malos olores, que en los días de lluvia o muy nublosos hacen que el ambiente de la zona sea irrespirable. Cuando la situación meteorológica es adversa, los malos olores aumentan y pueden incluso apreciarse en buena parte de Zaragoza.
Los «olfateadores» se servirán exclusivamente de la nariz para detectar e identificar los posibles olores, de dónde provienen y la intensidad de los mismos. La selección de este grupo de personas lo llevará a cabo el laboratorio radicado en Alicante «Labacua», que con cuenta con una experiencia de unos siete años en la materia y también tiene sede en Zaragoza. Sin embargo, la selección de estos especialistas en el olor no será fácil, ya que tienen que ser gente con sensibilidades pituitarias similares, que serán entrenados como si de enólogos se tratase para que tengan un patrón de calibración parecido.
Este estudio es la segunda fase de un proyecto, que se inició hace cinco años con una inversión de 53 millones de euros, para controlar posibles emisiones no detectadas en el Picarral y tratar de mejorar así la calidad ambiental del barrio. Esta iniciativa se enmarca dentro de los objetivos que marca la Agenda Local 21 y en consonancia con las líneas que marca la Unión Europea de diálogo social para dar salidas pactadas a los conflictos sociales.
El proyecto, que sufragarán las propias empresas, está en estos momentos en fase de desarrollo y se quiere que comience a funcionar esta primavera.

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Existen numerosas actividades industriales (industrias químicas, vertederos, depuradoras de aguas residuales, industrias alimentarias, ganaderas, etc.) que emiten una serie de sustancias olorosas y generan molestias en el entorno. Los malos olores pueden ser molestos, causa de rechazo, y afectar a la calidad de vida de las personas y animales del medio, por lo que pueden ser considerados como una forma de contaminación ambiental. Debido al componente subjetivo de los olores, a la dificultad para discernir entre los olores “agradables†y los “desagradablesâ€, es difícil determinar cuándo se traspasa el umbral de lo tolerable y en qué punto se sitúa lo jurídicamente permisible a la hora de establecer unos máximos de tolerancia, en ese sentido, la olfatometría se presenta como una herramienta muy eficaz para el estudio y control de olores. Aunque todavía no se ha desarrollado ninguna legislación nacional que regule el problema de los malos olores, la entrada en vigor Norma UNE-EN 13725 “Calidad del aire. Determinación de la concentración de olor por olfatometría dinámica”, en febrero de 2004, permite abordar de forma objetiva el problema de la contaminación ambiental por olores.
Los métodos para la caracterización de olores se dividen en dos:
* técnicas analíticas, siendo aquellas que utilizan métodos analíticos tradicionales para medir la concentración de compuestos químicos específicos presentes en un olor.
* técnicas sensoriales, aquellas que utilizan asesores humanos para medir un olor (olfatometría).