Mas comunidades se benefician del agua tratada

Nabón está en un entorno de páramo andino. Es el cantón de mayor población indígena de Azuay. Allí, el acceso al agua para consumo humano dejó de ser un problema para 3 130 familias.

En la actualidad, solo las comunidades de El Molino, Sauceloma, Ucumari y Rambrán, de la parroquia rural El Progreso, no cuentan con sistemas propios.

Las inversiones
Desde el 2006, el Municipio local invirtió sobre los USD 1,3 millones en la construcción, ampliación y mejoramiento de sistemas de agua tratada.
En saneamiento, la cobertura llega al 50,7% de la población. Ahora se prioriza la construcción de alcantarillado y de letrinas en las comunidades.Con ello, la cobertura alcanza el 96% de los 15 121 habitantes del cantón, según datos de la Jefatura de Agua Potable de la Dirección de Infraestructura del Municipio. En el 2000, la población que accedía al servicio llegaba al 18%.

Según la alcaldesa, Amelia Erráez, priorizaron la dotación del agua para disminuir la carga laboral de las mujeres, que tenían que trasladar el líquido en baldes desde las acequias a sus casas. Además, para mejorar la calidad de vida de la gente, en comunidades en donde la pobreza y el abandono son lacerantes.

Agua mineral

FABRICAR UNA BOTELLA DE AGUA MINERAL DE UN LITRO GASTA OTROS CINCO

Beber mil litros de agua del “súper” cuesta 400 euros, y sólo un euro si es de grifo – Greenpeace pide volver a la jarra en los restaurantes

MADRID, 01-AGO-2008

El proceso industrial que requiere producir una sola botella de agua mineral de un litro exige otros cinco litros de este “oro transparente”, lo que la convierte en un producto insostenible, además de “totalmente absurdo”, según opina Greenpeace.

“Es un sinsentido”, afirma Julio Barea, responsable de la Campaña de Contaminación de la ONG, para quien este negocio constituye “una absoluta locura” que, “desgraciamente, va en aumento”.

A ese gasto de agua para la fabricación de este producto hay que añadir, según Greenpeace, su coste energético. Según Barea, el transporte de las botellas vacías gasta alrededor de nueve gramos de combustible por tonelada y kilómetro y emite 17 gramos de gases de efecto invernadero por tonelada y kilómetro.