Expertos suizos inician una investigación sobre los efectos contaminantes del agua

En una experiencia piloto en la planta de Regensdorf (Zurich) se ha demostrado que la ozonización, alternativa a la cloración, de aguas residuales elimina en gran medida los efectos tóxicos de los microcontaminantes. El ozono se utiliza en el tratamiento del agua desde hace muchos años, aunque su elevado coste impide su utilización habitual. Sin embargo, esta tendencia puede cambiar, el ozono es más potente y de más rápida acción como desinfectante que el cloro, el dióxido de cloro y las cloraminas.
¿Qué indica una agua contaminada?

El agua no contaminada suele ser de un color entre rojizo, pardo, amarillento o verdoso debido, principalmente, a los compuestos húmicos, férricos o los pigmentos verdes de las algas que contienen. Por el contrario, las aguas contaminadas pueden tener diversos colores, aunque no se pueden establecer relaciones claras entre el color y el tipo de contaminación. La temperatura influye de igual manera en el agua: un aumento de ésta disminuye la solubilidad de gases como el oxígeno y aumenta la de las sales. Además, aumenta la velocidad de las reacciones del metabolismo acelerando su putrefacción. Su temperatura óptima está entre 10 y 14ºC.

Los compuestos químicos presentes en el agua como los fenoles, hidrocarburos, cloro, materias orgánicas en descomposición o esencias liberadas por diferentes algas y hongos, aunque estén en concentraciones muy pequeñas, suelen dar olores y sabores al agua. Los más apreciables son el sabor u olor salado, provocado por las sales o el metálico, responsable de los minerales presentes. Así pues, consumir agua con sabor o color no es indicador de calidad.

Las aguas superficiales limpias están saturadas de oxígeno, lo que es fundamental para la vida animal. Si el nivel de oxígeno en el agua es bajo indica contaminación, ya sea por materia orgánica o debido a una mala calidad del agua. Cuanto más oxígeno, más calidad en el agua. Por otra parte, los aceites y las grasas procedentes de restos de alimentos o de procesos industriales no son nada fáciles de metabolizar por las bacterias, con lo que quedan flotando y formando películas en el agua. Su posterior eliminación es muy compleja y genera nuevos residuos nocivos para la salud. Los fenoles, metabolitos secundarios, pueden estar en el agua como resultado de contaminación industrial al reaccionar con el cloro, que se añade como desinfectante, forman clorofenoles que dan al agua muy mal olor y sabor. Se trata, pues de un indicador de agua contaminada.

VIGILANCIA DE LA CALIDAD DE LAS AGUAS DE CONSUMO

La vigilancia es una herramienta que contribuye a la protección y la evaluación continuada de la seguridad del agua de consumo humano. Las redes de control de la calidad son sistemas centrados en vigilar la calidad de las aguas y el estado ambiental de los ríos. Mediante estos sistemas se pueden detectar las agresiones que sufren los ecosistemas fluviales y se recoge información del tipo ambiental, científico y económico sobre los recursos hídricos. Evaluar el estado del agua no es fácil, para determinar su calidad se discute cuáles son los mejores indicadores que garanticen un óptimo estado del líquido.

El problema recae en la definición del concepto de “calidad del agua”. Se puede entender la calidad como la capacidad intrínseca que tiene el agua para responder a los usos que se podrían obtener de ella. O, como la define la Directiva Marco de las Aguas, como aquellas condiciones que deben mantenerse en el agua para que ésta posea un ecosistema equilibrado y que cumpla unos determinados Objetivos de Calidad que están fijados en los Planes Hidrológicos.

En España, esta red de control se denomina Red Integrada de Calidad de las Aguas (Red ICA). Para saber en qué condiciones se encuentra un río se analizan tanto los parámetros físicos como químicos y biológicos, posteriormente se comparan con unos baremos aceptados internacionalmente que indican la calidad de ese agua para los distintos usos, ya sea para consumo, para la vida de los peces, para baño, actividades recreativas o industriales.

Los parámetros físicos, químicos y microbiológicos se muestrean mensualmente, mientras que el estudio biológico de las riberas y el lecho del río se hace aproximadamente dos veces al año, en primavera y verano.

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